Nayib Bukele con Luis Reyes.

/ Cortesía de Luis Reyes

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Es justo después de las 10 de la noche del domingo y una multitud está parada en torno al bar de un restaurante mexicano llamado Plaza Azteca en Bethesda, Maryland. Todos se esfuerzan por escuchar las palabras del político que empieza su discurso en una rueda de prensa a unos 3.000 millas de allí.

Nayib Bukele, que fue alcalde de San Salvador y que tiene solo 37 años, anuncia los resultados de la elección presidencial en El Salvador. Una imagen de su rostro se destaca en algunas camisas de las personas en el restaurante, la mayoría salvadoreños que viven desde hace décadas en Estados Unidos. Bukele encabezó todas las encuestas durante las semanas previas de las elecciones, pero en la Plaza Azteca, la gente temía que los funcionarios de El Salvador tratarán de robarle la elección.

Los resultados habían favorecido a Bukele toda la noche. Pero el candidato necesitaba un 50 por ciento del voto para evitar una segunda vuelta en marzo.

Bukele empieza a hablar, y todo el cuarto contiene la respiración.

“En estos momentos, podemos anunciar con plena certeza que hemos ganado la presidencia de la República”, anuncia Bukele.

El cuarto explota con gritos de victoria y celebración. “¡Ganamos! ¡Ganamos!” La gente salta y se abraza. Muchos graban las celebraciones con Instagram o Facebook Live, donde familiares de El Salvador comentan y celebran también.

“Ni Arena, ni el Frente, Nayib presidente!”, gritan todos. Alguien levanta un retrato del candidato, alguien más levanta una bandera salvadoreña. El DJ pone música.

“Estoy muy emocionado. Es un nuevo día para El Salvador”, dice Chris Gomez después del anuncio de los resultados.

Por primera vez desde que terminó la guerra civil en 1992, un candidato de un tercer partido arrebata la presidencia al partido de izquierda, el FMLN o al partido de derecha, Arena.

En Washington D.C., donde los salvadoreños son el grupo más grande de inmigrantes, la lucha de Bukele ha tenido algunas consecuencias inesperadas. Por uno, un empresario salvadoreño local casi compite en contra de Bukele como candidato a la vicepresidencia por el FMLN.

Chris Gomez y Marlin Paniagua Natalie Delgadillo / DCist

Luis Reyes ha vivido en Washington por más de 40 años.

Llegó a los Estados Unidos en 1978 y empezó su carrera como cocinero en Prime Rib Steakhouse en K Street NW, para ganar un poco de dinero extra también limpiaba oficinas . En 1983, se juntó con un amigo para abrir Lauriol Plaza, invirtiendo sus ahorros de toda la vida en el restaurante mexicano. Unos años más adelante, abrieron Cactus Cantina en Wisconsin Ave NW. En la actualidad se encarga de los dos negocios, aunque pasa más tiempo en Lauriol Plaza.

Pero incluso mientras sus raíces en los Estados Unidos se hacían más profundas, Reyes se convertía en una persona muy influyente en la escena política de El Salvador. Simpatizante de los movimientos de la izquierda en su país, siempre ha tratado de aumentar el apoyo de otros empresarios salvadoreños para sus movimientos sociales preferidos, incluso los del FMLN.

“Es una cosa natural mía, que así soy”, dice Reyes. “Estaba al tanto y pendiente de lo que estaba pasando en mi país. Me vine para acá y me involucré, siempre estuve apoyando los movimientos sociales”.

Su participación fue especialmente reconocida en este ciclo electoral. En julio de 2018, el FMLN lo llevó para El Salvador para reunirse con el candidato a la presidencia, Hugo Martínez. “Tuvimos una reunión. Me fui a San Salvador, y me junté con la dirigencia del partido”, dice Reyes a DCist. “Me invitaron a que fuera parte de su fórmula”.

Lo dice como si fuera completamente natural que un residente de Washington D.C. fuese tomado en cuenta como posible vicepresidente de El Salvador. En realidad parecía ser la primera vez que un partido político de El Salvador ofrecía la candidatura a la vicepresidencia a un inmigrante salvadoreño residente en EEUU.

Pero el ofrecimiento no era tan raro. Reyes siempre se ha involucrado en la política de su país de origen, aunque ha pasado toda la vida adulta fuera de él. Es parte de un gran grupo de salvadoreños – junto con sus hijos- que vive en los alrededores de D.C. y que ha hecho campaña por sus candidatos favoritos entre sus familiares en El Salvador y en el extranjero: han mandado dinero para ayudar a los movimientos y las campañas políticas, pero también han organizado eventos en los Estados Unidos en favor de sus políticos salvadoreños preferidos.

“Hay muchos inmigrantes de El Salvador que solo están preocupados por su día a día en los Estados Unidos”, dice Abel Nuñez, el director ejecutivo del Centro de Recursos para Centroamericanos en DC. “Pero hay una clase política aquí que está interesada y muy involucrada”.

Los políticos en el país han respondido tratando de ganarse la confianza de los salvadoreños en la diáspora en los Estados Unidos. Muchos han viajado a las zonas donde se concentran los inmigrantes salvadoreños, incluyendo -y especialmente-el área del Distrito, donde viven casi 300,000 inmigrantes Salvadoreños.

“Es fascinante que, desde 1994, los candidatos presidenciales hayan sentido que es necesario venir a los Estados Unidos para hacer campaña. Lo inmigrantes influyen en el voto en el país, se percibe que importa”, dice Geoff Thale, el vicepresidente de programas en la Oficina de Washington para América Latina.

Los salvadoreños que viven en el extranjero pueden votar por correo en las elecciones salvadoreñas desde 2014. Eso es, sin duda, una razón para hacer campaña en los Estados Unidos, aunque Thale dice que la participación de la diáspora en las elecciones generalmente es muy baja. Lo que realmente importa es la influencia que los salvadoreño-estadounidenses tienen con sus familiares en El Salvador. “Las remesas importan tanto, y la gente está tan en contacto con sus familiares en su patria, que la manera en que ven candidatos en El Salvador importa mucho”, dice Thale.

Quienes veían los resultados el domingo desde el restaurante , estaban de acuerdo. Hicieron camisas y se las mandaron a sus familiares. Donaron dinero. Organizaron eventos. Inscribieron a mucha gente para que votara desde el extranjero. Hicieron campaña desde lejos. “Tuvimos una gran influencia”, dice Marlin Paniagua, 32, que reside en Maryland desde hace 14 años.

Reyes, en particular, se ha hecho una figura poderosa en la escena política de la diáspora salvadoreña, organizando grandes eventos para los candidatos que vienen a hablar a la ciudad y donando fondos para sus campañas. Su influencia es importante para los candidatos y para los salvadoreño-estadounidenses, especialmente para otros empresarios, de los que se ha ganado la confianza. Como un artículo dijo sobre Reyes: “[el] carisma [de Reyes] le ha permitido ganarse el reconocimiento y el cariño de los compatriotas, pero también a ponerlo en buen pedestal”, tanto que parecía razonable que el FMLN le considerara como un candidato a la vicepresidencia.

Sin embargo Reyes rechazó su oferta y apoyó a Nayib Bukele.

Luis Reyes (izquierda) y Nayib Bukele Cortesía de Luis Reyes

Bukele se transformó en un fenómeno político en El Salvador en los últimos cinco años. Empezó como alcalde de un pequeño municipio llamado Nuevo Cuscatlán en 2012, y tras excelentes críticas a su trabajo, lo votaron el alcalde de la capital, San Salvador. Ambas veces, fue electo como miembro de del partido de izquierda FMLN.

Sin embargo, en 2017, el partido echó a Bukele acusado de haber asaltado verbalmente a una mujer que trabajaba para él (muchos de sus simpatizantes vieron en la expulsión una represalia política, consecuencia de los choques entre el alcalde y el liderazgo del partido). Cuando Bukele lanzó su campaña para presidente, muchos salvadoreños en Estados Unidos -incluido Reyes- lo apoyaron a pesar de la alianza poco común con la que se presentaba. Al candidato no le permitieron hacer campaña bajo su propio partido, Nuevas Ideas, entonces se unió al partido de centro-derecha GANA.

“No creo que me hubiera gustado (Bukele) si no viniera del FMLN. Pero era un buen candidato. Era muy popular, apelaba a los millennials, sabía usar redes sociales”, dice Reyes, quien fundó Nuevas Ideas USA para juntar fondos para el nuevo partido político. Otro grupo, Nuevas Ideas América, se separó y organizó sus propios eventos, como la fiesta del domingo.

En un discurso de Bukele en Virginia, organizado por Nuevas Ideas América, hubía tanta gente que cientos de personas tuvieron que esperar afuera.

Bukele también visitó Lauriol Plaza, donde habló ante una sala repleta con Reyes a su lado. “Nosotros influimos a nuestra gente allá… engrandecimos a Nuevas Ideas a nivel nacional en El Salvador”, dice Reyes. Sospecha que con el ofrecimiento del puesto de vicepresidente, el FMLN esperaba terminar con este tipo de esfuerzos .

“He sido parte del FMLN, es el partido que sigo llevando en mi corazón. Pero ahora estoy afiliado con Nuevas Ideas”, dice Reyes. “Tal vez vieron eso, y esperaron que pudieran revertir lo que estaba haciendo (Bukele)”.

Resulta que no. Reyes rechazó la oferta de trabajo y Bukele ganó su nueva posición con comodidad, con el 54 por ciento del voto. El FMLN quedó en tercer lugar el domingo.

Sin embargo, Reyes dice que le costó decir que no. Él considera a los líderes del partido amigos y hasta héroes. “Pero yo tenía un compromiso”, explica.

Reyes dice que no fue el deseo de entrar en la política salvadoreña lo que llevó a su participación todos estos años. “Todo lo que hice no ha sido en búsqueda de una carrera en política. Prefiero vivir aquí y visitar”, dice. “En esta vida la gente nunca debería decir que no pero no es lo que yo busco”.

Este artículo fue traducido al español por Natalie Delgadillo con la ayuda de Luis Melgar y Dominique Bonessi.